Vení con una idea.
Chicos de 7 a 14 años que salen del colegio y se sientan a construir. No vienen a aprender a usar una computadora — eso ya lo saben mejor que nosotros. Vienen a aprender a dirigir.
¿Cuál es la idea?
Te va a quedar el mensaje escrito. Mandalo y coordinamos el día para que venga a conocer el espacio.
Cuatro pasos,
en este orden.
No hace falta leer todo. Son las cuatro preguntas que hace cualquier padre, en el orden en que aparecen. Las primeras mesas ya se están armando.
El programa
La clase de setenta y cinco minutos, los tres que trabajan en ella, y los proyectos que hace el primer año.
Ver02¿Cómo sé que avanza?Los nueve parches
Un parche por trimestre, tres por año, tres años hasta el último. Y llega cuando llegaría el boletín.
Ver03¿Cuándo y cuánto sale?Servicios y valores
Cuatro turnos por día de lunes a viernes, y cinco formas de venir.
Ver04¿Y los sábados?Cumpleaños en Chip
Dos horas y media, hasta veinte chicos. Cada banda hace su propia canción y después las bailan. Los sábados a la tarde.
VerEl after school donde
los chicos construyen con IA.
Enseñamos a dirigir la inteligencia artificial: tener la idea, repartir el trabajo y quedarse con el resultado.
Acá un chico aprende a tener una idea propia, a explicarla bien, a repartir el trabajo entre varias herramientas y a darse cuenta cuando la máquina se equivocó. Después la corrige. Esa es la clase, y es exigente.
Y lo damos los que construimos software todos los días: gente que trabaja con estas herramientas desde que existen, enseñando lo que de verdad hace falta saber.
En las primeras dos semanas cada chico termina y publica algo que funciona. No un dibujo de algo: algo que funciona, que otra persona puede abrir, escuchar o usar.
Y no es tecnológico.
Hace veinte años, para que un chico hiciera una canción que suena bien de verdad hacía falta un estudio, un equipo y una carrera entera. Hoy hace falta una idea clara y alguien al lado que le enseñe a pedirla bien.
Confianza para intentar
Un chico que terminó algo y lo mostró sabe que puede volver a hacerlo. Esa certeza no se enseña con una charla: aparece la primera vez que alguien usa algo que él hizo.
Criterio propio
Aprende a decidir qué vale la pena y a darse cuenta cuando algo está mal, incluso cuando se lo dice una máquina que suena segura. Es una forma de pensar que le sirve para todo.
La costumbre de terminar
Empezar es fácil y todos empiezan. Terminar es lo raro. Un chico que se acostumbra a llevar sus ideas hasta el final se lleva una ventaja que dura toda la vida, elija lo que elija.
Las membresías
las paga Chip.
Las herramientas con las que trabaja tu hijo son las mismas que usa un profesional, y todas tienen suscripción paga. Están incluidas en la cuota, así que no tenés que contratar nada ni poner una tarjeta en ningún lado.
Trabaja con las cuentas del taller, adentro de La Mesa — nuestro propio entorno, donde dirige todo y queda registrado lo que hizo.
- Todas las suscripciones incluidas en la cuota
- Trabaja con las cuentas del taller, en La Mesa
- Queda registrado todo lo que hizo, y lo podés pedir
- Publicamos la obra, y las caras solo con permiso firmado
Chip no tiene manos. Las únicas manos del salón son las del chico.
Empecemos por lo que hace.